Por: Ivonne Zamora

Hay discos que se escuchan… y otros que se recorren. El debut de Chris Stussy no llega como una simple colección de tracks, sino como un mapa emocional dividido en tres momentos clave: perderse, encontrarse y aprender a soltar. Lost, Found & Forgotten… no sólo marca un antes y un después en su carrera, también deja claro que su sonido puede ir mucho más allá de la pista de baile.

Desde el inicio, el álbum envuelve con una sensación de movimiento constante, como si estuvieras flotando entre capas de sonido que se expanden y contraen. La metáfora del papalote —ligero, libre, pero siempre conectado a algo— atraviesa todo el proyecto. Esa dualidad se siente en cada drop, en cada pausa, en cada textura que aparece y desaparece sin avisar.
La primera parte, Lost, tiene algo crudo y honesto. Son ideas nacidas en distintos momentos del pasado que finalmente encuentran su lugar. Pero no suenan antiguas, suenan inevitables. Tracks como “Moonlight” o “Darkness” cargan una energía que no pide permiso; simplemente te arrastra. Es esa sensación de avanzar incluso cuando no tienes todo claro, pero el cuerpo ya decidió por ti.

Después llega Found, y todo se abre. Aquí la música respira distinto: más luminosa, más colaborativa, más emocional. Voces como las de KUČKA o Jessica Moore no solo acompañan, elevan cada composición. Canciones como “Wide Awake” o “Believe in yourself” tienen ese punto exacto entre euforia y sensibilidad, donde el groove no pierde fuerza, pero gana profundidad.

Y cuando crees que ya entendiste el viaje, aparece Forgotten. Esta última parte no busca impacto inmediato, se instala lento. Es música que se queda flotando contigo, que se revela con el tiempo. “Set sail on another ship” o “It feels natural” cierran con una calma que no es vacío, es digestión.
Más que un debut, este álbum es una declaración. Chris Stussy no está intentando encajar: está definiendo su propio lenguaje, uno donde perderse también es una forma de encontrarse.

