Por: Ivonne Zamora

Hay espacios donde la música se escucha… y otros donde se piensa. Sónar+D 2026 no es un festival en el sentido tradicional, es más bien un laboratorio vivo en medio de la ciudad. Un lugar donde la creatividad, la tecnología y la cultura digital no solo conviven, sino que se cuestionan.
Este año, el proyecto se traslada al corazón de Barcelona, específicamente a la Llotja de Mar, marcando un cambio importante: acercar la conversación tecnológica al centro urbano, hacerlo más accesible, más directo, más humano.

Pero más allá de la ubicación, lo que realmente define a Sónar+D es su enfoque. Aquí no vienes solo a ver, vienes a interactuar. Talks, workshops, performances y exhibiciones se mezclan en un formato que rompe con la idea clásica de conferencia. Es un espacio que piensa como club y actúa como laboratorio.
La edición 2026 plantea algo claro: cambiar nuestra relación con la tecnología. No verla solo como herramienta, sino como un lenguaje creativo. Inteligencia artificial, arte digital, música generativa, realidad inmersiva… todo converge en un mismo punto, creando experiencias que no siempre son fáciles de explicar, pero sí de sentir.

Y eso es lo interesante: Sónar+D no busca darte respuestas, busca incomodarte un poco. Hacerte cuestionar cómo creas, cómo consumes, cómo interactúas con lo digital. Es ese tipo de espacio donde una instalación puede sentirse como una canción, y una charla puede cambiar la forma en la que entiendes el futuro.
Además, el entorno lo potencia todo. Mientras Sónar sigue desarrollándose con su parte musical, Sónar+D funciona como el cerebro detrás del cuerpo: el lugar donde nacen las ideas que después terminan en la pista.

Sónar+D 2026 no es para observar desde lejos. Es para entrar, probar, cuestionar y salir con más preguntas que respuestas.
Porque aquí, la tecnología no es el centro.
La experiencia sí.


