Por: Ivonne Zamora

Hay festivales que se viven… y otros que se sienten en la piel. CRSSD Festival en su edición Spring 2026 fue exactamente eso: una experiencia donde el entorno importa, pero son los sets los que terminan de contar la historia. Durante dos días, Waterfront Park se convirtió en un paisaje sonoro donde el océano, la ciudad y la música se mezclaban sin esfuerzo.

Desde el inicio, el festival dejó claro su esencia: no es caos, es curaduría. Tres escenarios —Ocean View, City Steps y The Palms— funcionando como capítulos distintos, cada uno con su propio lenguaje.
El set de Amelie Lens fue uno de los más sólidos del fin de semana. Un techno constante, sin pausas innecesarias, donde cada drop caía como una presión directa al pecho. No buscaba picos exagerados, sino mantenerte dentro de un mismo estado: tensión, enfoque, movimiento. De esos sets donde entras… y no sales hasta que termina.
Luego, Cirez D tomó ese mood y lo llevó a otro lugar. Más oscuro, más mental. Su narrativa fue progresiva, construyendo poco a poco hasta volverse casi hipnótica. Aquí no había prisa, había intención. Un viaje que se sentía más interno, más profundo, especialmente en el entorno industrial de City Steps.

En contraste total, Dom Dolla entendió perfecto el timing del festival. Su set fue groove puro: house directo, bailable, sin complicaciones. Cada track caía como si ya lo conocieras, generando esa sensación colectiva donde todo el público se mueve como uno solo. Ligero, pero efectivo.
Uno de los momentos más memorables llegó con el atardecer de Lane 8. Luces cálidas, melodías largas y una vibra completamente emocional. No era intensidad, era conexión. De esos sets que no necesitas grabar porque sabes que se quedan contigo.
Y cuando la noche pedía más energía, nombres como Space 92 elevaron la velocidad y la agresividad con un techno más físico, mientras Vintage Culture navegó entre lo melódico y lo eufórico, manteniendo ese balance que CRSSD sabe manejar tan bien.
Pero lo que realmente definió esta edición no fue un solo artista, sino cómo todo encajó. Cada set tenía su momento exacto: el sol, la brisa, la energía del público. Nada se sentía fuera de lugar.

CRSSD 2026 no fue sobre correr de escenario en escenario… fue sobre quedarse. Encontrar un set, perderte en él y dejar que el entorno haga el resto.
Porque al final, no fue solo la música… fue cómo, por un par de días, todo sonó exactamente como debía.




