Por: Ivonne Zamora

Hay festivales grandes… y luego está Ultra Music Festival. La edición 2026 no solo cumplió con lo esperado, lo llevó un poco más lejos.
Durante tres días en Bayfront Park, la ciudad se convirtió en un pulso constante: luces, bajos profundos y miles de personas moviéndose como si fueran una sola.

Desde que cruzabas la entrada, todo se sentía cinematográfico. El skyline de Miami, las palmeras, el mar a unos pasos… no es solo un escenario bonito, es parte de la experiencia.
Ultra ya no es solo un festival, es un punto de encuentro global donde cada año se redefine lo que significa vivir la música electrónica.
Pero si algo definió esta edición, fueron los sets.
El primer día dejó claro que esto iba en serio. Momentos inesperados, cruces de géneros y sets que marcaron el tono del fin de semana. El B2B de Armin van Buuren con Marlon Hoffstadt fue una montaña rusa entre trance y techno, donde cada subida se sentía como una descarga directa al pecho.

Luego vino uno de esos momentos que no se planean, pero se quedan: Eric Prydz construyendo atmósferas densas, casi hipnóticas, mientras las visuales parecían abrir otro mundo frente al escenario. No era solo música, era inmersión total.
En el lado más oscuro, Sara Landry confirmó por qué es una de las figuras más intensas del momento. Su set no solo sonó fuerte, se sintió físico, como si cada kick empujara al público un poco más adentro.
Pero Ultra también tuvo espacio para lo profundo.

El set de Adriatique fue una construcción elegante y progresiva. No buscaron el impacto inmediato; fueron creando una narrativa sonora que envolvía poco a poco, hasta convertir la pista en un solo flujo hipnótico. Más que un show, fue una experiencia.
Por su parte, Miss Monique entregó uno de los viajes más consistentes del fin de semana. Su mezcla entre progressive house y melodic techno mantuvo una energía constante, con momentos emocionales que daban respiro antes de volver a subir. Un set que no soltaba.
Y en su propio universo, Boris Brejcha hizo lo que mejor sabe: control total. Su high-tech minimal creó un loop perfecto donde el tiempo parecía desaparecer. Sin necesidad de picos exagerados, logró mantener a la audiencia completamente dentro.

El cierre fue otra historia.
Swedish House Mafia tomó el control con un set extendido que muchos sintieron como un festival dentro del festival. Momentos nostálgicos, invitados sorpresa y una energía colectiva que cerró el fin de semana en lo más alto.
Ultra 2026 no fue perfecto, pero tampoco lo necesitaba. Fue intenso, impredecible y profundamente sensorial. Un recordatorio de que la música electrónica, cuando está en su mejor punto, no solo se escucha… se vive.



